domingo, 8 de febrero de 2015

Somos sombras.

Quédate quieto. Observa el caminar del viento, mira el cielo... ¿hasta dónde haz llegado? Es difícil asimilar cada paso, ver las huellas en el pasto; pero te aseguro que este momento es perfecto.
Así comienza y así termina. Los momentos se olvidan. Los besos se convierten en cenizas; y los labios se marchitan. El amor es sólo una palabra; que terminará sin representar nada. Esos bellos ojos que brillaban; comienzan a tener oscuridad en su mirada. Las palabras volarán con el viento y no serán escuchadas. Y las lágrimas encharcarán el camino por el que alguna vez te sentiste con alivio.

lunes, 12 de enero de 2015

Espejismo, ¿Dónde estoy?

Reflejos muestra
realidad no presenta.
En monstruos me veo,
en hadas me siento.


Imagen burlona
detrás de él
No tengas miedo,
nada que temer.


En algún momento
encerrada me siento.
¿Dónde estoy?
Ya no conozco el tiempo.


No sé quién soy
¿En qué realidad me encuentro?
Abre los ojos
Y sal del espejo.




Alejandra Jáquez.



viernes, 26 de diciembre de 2014

Escapemos...

He soñado con un lugar, donde nadie sabe quiénes somos. Donde el amor es sólo tu nombre; donde las noches se esconden. He soñado mucho tiempo... perdida en dos realidades. ¿Dónde estoy, amor? Debería dejar de soñarte, pero parece tan real... que no sé donde buscarte.
Vamos a ese lugar, yo me encargo de que se adapte a tu felicidad... vamos, no voltees atrás. Iremos esta noche, empaqueta tus emociones, que no necesitamos razones.
Y no puedo dormir, por pensar en dónde estarás. No sueño por luchar contra tus miedos. No has caído porque yo te sostengo. No vuelas porque corté tus alas, y caminas porque corté tu cola.
Cada que te veo, en otra realidad me encuentro...
En silencio susurraste lo que en gritos pensaste.

sábado, 20 de diciembre de 2014

Dentro de mí.

Fuiste, eres, y serás mi todo. El tiempo se encargo de darme mis ratos de lágrimas. Supuse que amar era duro, porque eso me hiciste creer. Busqué amor donde no había nada. Protegí tus palabras como si no hubiera un mañana. Intenté gustarte, pero el rechazo me encontró primero. Pasaba a tu lado y no decías lo que esperaba. Estuve a poco de enterrarme, el dolor era incesante. Oía tu voz y mi corazón se alegraba, veía tu cara y mis ojos brillaban. Fue fácil llorar cada noche... con una pizca de recuerdos que me herían por dentro. Intenté alejarme, quise separar mis lágrimas de ti. Pero olvidé algo... olvidé que eras mi todo, y sin ti no tenía nada. Irónico, porque no me dabas nada, incluso mi nombre olvidabas. Y seguía ahí. Cada noche mi rutina: las mismas lágrimas, los escasos recuerdos, las pocas sonrisas, y tus ojos en mi mente, iluminando mi noche. Hablemos de tus ojos, hablemos de tu sonrisa... hablemos de mis vicios. El tiempo pasa, y te acostumbras a que traten como basura. Rompen tus sentimientos, quiebran tu autoestima, y tienes que actuar como si nada pasase. Día con día, el sol te hace sentir mejor... las heridas cicatrizan, los recuerdos se olvidan... Pero de un modo que no logro comprender, sigues dentro de mí. Te llevo dentro, ocupas mi aire, respiras lento, pero sigues siendo todo. Aveces quiero olvidarte, pero recuerdo que formas parte de mi, y me es imposible sacarte.
Y ahora... no es tan diferente. Saliste de mí para estar conmigo, me diste lo que esperaba, la vida me dio un regalo, no era amor, pero me hacía feliz. Todo a tu lado era mágico. ¿Recuerdas esos besos, amor? Si hubiera sabido cuál sería el último, pararía el momento y lo repetiría mil veces. Pero te faltó algo, cariño mío... ¿acaso me besaste con amor? Eso debió saber diferente. Te faltó una pizca de magia, esa que creía que tenías... Pero no, no sabías a lo que esperaba. Te faltó decirme que me querías... o un poco de risas, tal vez. Dime algo al oído, agrégale amor a tus palabras, a tus miradas...
Quiero decirle al tiempo que ya no quiero escribir más historias. Decidí amarte, decidí herirme, y quise quedarme.

viernes, 21 de noviembre de 2014

Yo, estoy herida.

Las heridas no cicatrizan.
¿Cuándo haz visto a una cicatriz olvidar su pasado? Parece que los días no avanzan. Los paso esperando el sanado. Todos ellos son inviernos sin tí a mi lado. Recuerdo cada nota, cada lágrima hablándome al oído. Intentaban acallar las voces de mi interior. No pasa nada, todo está bien. Estamos hechos de cicatrices; heridas que no sanan. Sonrisas olvidadas...
Inquebrantable, decían. Es imposible aparentar felicidad siendo tan cobarde como para esconder heridas dentro. Me parece una idea perfectamente estúpida intentar sanar las heridas ardiendo, con un poco de veneno.
No; no estoy rota. Estoy herida. Una herida te marca siempre. Vallas donde vallas, la herida te acompaña; es una sombra que sientes cada momento; arde muy dentro. Estar rota, es poder cicatrizar. Poder restablecer los vidrios rotos.
Yo, estoy herida.
Las heridas me guían, los recuerdos me acompañan, los vidrios me iluminan. La oscuridad mueve mis pies, y dan color a mis mejillas. Mis ojos gritan, buscan entre mentiras. Mi boca tiene sed, sed de tus mordidas. ¿Y qué dicen mis lágrimas? Te quieren aquí enseguida.
Es caer tan bajo, que no encuentras la salida.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Sabor a cielo.

Quiero repetir ese momento, esos besos, esas miradas.
Quiero que estés conmigo ahora, besar tu sonrisa, morder tus labios, y ver esos lindos ojos de los que estoy tan enamorada. ¿Es mucho pedir un abrazo? Extraño tus suaves brazos. ¿Y qué hay de tus manos? Puedes tomarme de la cintura, pero no me dejes caer. Quiero que seas mi sostén. Si tan sólo pudiera pausar el tiempo para volver a sentirme tuya.
Quiero decirle a la niña que era antes, que lo logré. Que aquí estás y que por fin te encontré.
Vayamos, vayamos a ser felices. A comernos el mundos con nuestras sonrisas. A olvidar problemas y crear diferencias. A besarnos como ya no hubiera un mañana. Quiero que te quedes conmigo, que no haya otra opción más que yo.
Y cada lágrima parece hablar. Me cuentan las tristes noches que pasé; abrazando una almohada, esperando tu mensaje jamás recibido. Diciéndole a mi mamá que si eso, eso era el amor. Con un coraje interior hacia mis piernas gordas, a mis aún no desarrolladas caderas, a mis granos faciales. Un coraje hacia mí misma por ser el causante de mi desilusión amorosa. Así pasaba mis noches... mejillas rojas, lágrimas derramadas en la almohada. Y me gustas, me gustas...
Tengo todo guardado muy dentro. Recuerdo el sabor de ese primer beso. Tus labios llegaron rápido, queriendo buscar el sabor de mis adentros. Y ahí estaba yo, sin saber qué parte de la boca mover. Jajaja. Y la música... esa canción que nunca olvidaré. No había luz, todo eran tus labios. Sólo eso importaba; atinarle a esos dulces labios. Y llegó. A la música parecía no importarle, pues seguía sonando. El momento más importante y feliz de mi vida; y la música seguía sonando. Me gustas, me gustas... ternura en el alma y no una talla de cintura...
Y no paramos. Tus labios mordían suavemente los míos, chocando sin querer nuestras lenguas...
¿Sabes a qué me supo ese primer beso? A un pedazo del cielo. El sabor más rico de mi vida, hasta ahora.
Cada beso tenía su tiempo. Cada tiempo tenía caricias, Cada caricia, sus besos. Cada beso se acompañaba de tus manos recorriendo mi cuerpo. Cada recorrida de cuerpo; contenía una sensación de estar en el cielo mía. Y la música cantaba... Y tus besos me comían. Y sonreía, sonreía porque por fin había llegado el momento esperado para mí y para la niña que era antes.
Parecía que me querías...

sábado, 1 de noviembre de 2014

Vacíos.

Le dije a mi mente que no te pensara, que era suficiente por el día de hoy. Le recordé las tristes lágrimas que me provoca pensar en ti, y le dije que quiero verme feliz. También le desee las buenas noches, ya que olvidaste dármelas a mí. Y a mi corazón... voy a darle un café caliente para que olvide un momentos las heridas ardientes. Y ni hablar de mi físico, que recibe tus palabras como golpes. ¿A dónde fue el pasado que no volverá? ¿A dónde se van las promesas, los momentos felices, las sonrisas que te hacen mi persona favorita? Supongo que el vacío, está lleno de todo eso. Recuerdos.

¿Es posible que al acumular tantos recuerdos, termines siendo el vacío? 

sábado, 27 de septiembre de 2014

¿Se le puede llamar cuento a esto?

Palabras vacías que no representaban nada. Solas, escritas por las letras vacías de su interior. ¿Querían decir algo? Era difícil adivinarlo. Yo sólo la veía, desde un punto que ella no conocía. Era su ángel, sabía todo de ella.
Había una vez… ¿así empiezan los cuentos, no? Este no será la excepción. Había una vez, un diamante; bueno, en realidad no era un diamante tal cual, sino una chica llamada Enelise Fullen. Valía y brillaba como un diamante. Enelise será nuestra protagonista. ¿Qué no iba a saber yo de ella? Era preciosa aún más cuando sonreía. Tenía unos ojos que reflejaban quien era. Su piel color pálida y su cabello negro contrastaban notoriamente. Al verla, sus ojos te hipnotizaban, era difícil saber su color, y como no lo mencionaré, nunca lo sabrás. Dejaré trabajo a tu imaginación.
Enelise no asistía a la escuela y vivía sola con sus padres. Sin hermanos, sin amigos, sin diversión. Día a día despertaba acompañada de una sombra oscura llamada soledad. La acompañaba en todo momento, iba tras ella como si de mejores amigas se tratara.
Un día bastante oscuro, con las nubes conspiradas como si de un ejército se tratase, Enelise caminaba sobre el pasto de su jardín, sola. Un día tan sombrío no podía dejar brillar su sonrisa como lo hacían continuamente los días soleados. Caminaba sin saber el rumbo de sus pasos; sin saber a dónde pararían sus ojos, sin darse cuenta de quién la seguía.
 ¿Alguien la seguía? No, sólo era mi mirada clavada en ella para poder contar esta historia.
Se arrodilló cuando notó un bulto anormal en el pasto de su jardín.
- ¿De qué se trata? –se preguntó a sí misma en voz alta, sin esperar respuesta.
Afortunadamente, mantuve mi boca cerrada para no arruinar el momento.
Enelise excavó la tierra para dar respuesta a su pregunta; cuando sintió el borde de una figura hecha con madera.
Sinceramente, yo sabía lo que era. Sabía también quién la había enterrado ahí, y qué sucedería a raíz de su descubrimiento en la casa de los Fullen.
Enelise decidió guardarse el secreto y no decir nada a sus padres; hasta que el día siguiente excavara por completo y tuviera la figura a su alcance. Sin embargo, recordó que las pesadillas venían a por ella durante varias noches anteriores.
 Dentro de ellas, veía a una niña pequeña con los brazos abiertos y a una madre con una cuchilla detrás de la espalda. “Ven, mi amor –decía la madre- tengo algo para ti” La niña se acercaba y la madre hacía uso de lo que escondía detrás de su espalda. Ya te imaginarás lo que le pasaba a la niña.
Pero, ¿qué significaban realmente esas pesadillas? ¿Es que había tenido una hermana a la que su madre había matado con un cuchillo y luego enterrado en el patio, dentro de una figura de madera? Tal vez su imaginación fue muy lejos, sólo tal vez.
Al día siguiente, Enelise excavó con todas sus fuerzas la tierra que rodeaba el bulto que había encontrado anteriormente. Fue difícil debido a su pequeño y débil cuerpo; pero no podía solicitar ayuda si quería mantener la boca cerrada.
Horas más tarde, Enelise tuvo con ella un largo ataúd de madera, el cuál, sin duda alguna, guardaba más que simples recuerdos; guardaba una historia, una vida, un cuerpo. “Y ahora, -pensaba para sí misma- ¿qué más puedo hacer si no es abrir el ataúd?” Estaba equivocada, pues podía ir con sus padres y exigir una explicación. También podría ir por la pala y podría volver a enterrar el ataúd, pero eso conlleva la desventaja de no dar respuesta a sus dudas; y conocer la historia que seguramente sus padres sabrían.
Enelise tenía un carácter fuerte, podía ser seria y muy madura, a pesar de su edad; que tampoco mencionaré. Nunca se sintió rota con su soledad, siempre vio el mundo de distinta forma, era inquebrantable; y sentía que no podía esperar más para saber el secreto que tanto tiempo sus padres guardaron. Estaba ansiosa, era visible debido a sus expresivos ojos buscando respuestas.
Abrió el ataúd.
-¡¡¿¿QUÉ??!! –Gritó lo más fuerte que pudo.- ¡¡NO ES POSIBLE!!

Apuesto a que deseas saber lo que había dentro del ataúd en la casa de los Fullen. Mencionaré algunas pistas:
·         Enelise experimentó la sensación de verse en un espejo.
·         El ataúd contenía una placa dentro; una placa que tenía grabada en tinta dos palabras, palabras que significaban todo: Enelise Fullen.


Recuerdo la pálida cara de una chica tirada en el suelo, con los ojos desorbitados, el cuerpo frío, la mirada vacía y su cara inexpresiva, con su boca como recitando una canción…

 Una canción cuyas palabras; contaban su historia, una vida que nunca existió.
 Decía así:

“¿Nadie te ha dicho que ella no respira?
Nubes grises vienen a jugar
Pronto yo sé que despertaré de este sueño,
Y sé que no estoy durmiendo
¿Nadie te ha dicho que ella no respira?

No llores.”




sábado, 20 de septiembre de 2014

Cierra tus ojos, y sonríe.

Veo tus ojos y encuentro tristeza. ¿Que te pasa, niña preciosa? ¿No ves las maravillas por las que estás aquí? ¿No le encuentras sentido a la vida? Yo quiero ver tus ojos y encontrar felicidad. ¿Qué te falta, preciosa? Estás viva. Y a pesar de las complicaciones que la vida pueda ponerte encima, eres inquebrantable. Estás aquí para superar miedos, para pasar las páginas del libro. Para morir. Esto es una prueba, un gran teatro. Y debes de saber cómo actuar. 
Quiero en tus ojos verme reflejado, quiero ver cómo tu bella sonrisa rompe los esquemas. Tan dulce y pequeña como un diamante, tan inquebrantable. No llores, nunca llores. Siempre puedes voltear hacia arriba y verme. Aquí estoy, y nunca soltaré tu mano. Inunda el espacio, haz que llegue el sentido a tu vida. ¿Qué te hace falta? Puedes despertar y ver el hermoso cielo, puedes caminar y controlar tus movimientos, puedes amar y demostrarlo, puedes sonreír y reflejarlo. Vamos mi niña, quiero verte sonreír. No lo intentes, hazlo. Cambia la dinámica y hazme reír. Quiero encontrarme dentro de esos lindos ojos cafés. 

Permite que te diga lo muy afortunada que eres, mi niña. Cierra los ojos y dime qué ves. ¿Está oscuro? Ahora ábrelos. Eres afortunada porque te regalé todo lo que ves. Había oscuridad y te regalé luz. ¿Qué vez por las noches, mi niña? Un cielo oscuro, no temas contestarme. Bien, un cielo oscuro. Quise adornarlo, quise ponerle diamantes tan brillantes como tú. Diamantes que más tarde se llamarían estrellas. ¿Y sabes que más, niña bonita? También coloqué un diamante muy grande, para ti. Este lo hice para recordarte que encima de todo, aquí estoy. Y no soltaré tu cálida mano.

¿Quieres que siga haciéndote sonreír? Pues ahora cierra de nuevo tus ojos. Date la vuelta hacia atrás, y ábrelos. 
Aquí estoy, mi niña.


-Dios.

sábado, 30 de agosto de 2014

Mi complemento.

No sé si me gustaría soltar tu mano al caminar; o besar tus labios con los ojos abiertos, tampoco verte sin sonreír. Quién dice que no puedo estar hechizada por ti, que tal y sólo es un encanto infinito al ver tu forma de sonreír. Puede que no sea lo mismo ver tus ojos sin la misma luz que se enciende en mi interior. Cada que leo una palabra tuya mi corazón canta al unísono de tu voz. Cada que te escucho noto cómo mi corazón pide nunca dejarte de escuchar. Me encanta tu forma de pensar, y tu aliento cuando estas a punto de besar. Y las rimas que me haces componer. Tu forma de cortarte el cabello, tienes el toque perfecto. Dices que me quieres en el mejor momento. Me haces amar hasta tus defectos.